Cuando te encuentras cara a cara con alguien después de haberlo conocido leyendo su blog pueden pasarte tres cosas:
1. Que sea exactamente como pensabas. El continente se adecua al contenido, el lenguaje corporal se corresponde con el lenguaje escrito de manera perfecta, y todo parece encajar: no estás frente a alguien que ha creado un personaje, sino frente a la persona que ya habías adivinado por lo que escribía. No sé si ése es el objetivo a cumplir, pero sea como sea, está logrado.
2. Que no tenga nada que ver con lo que imaginabas, y te decepcione. Hay algo que no cuadra: esos ademanes no se corresponden con la forma de ser que has visto reflejada durante tantos meses sobre la pantalla. Ese carácter pide una percha completamente distinta, no reconoces esos gestos. Se produce algo así como un cortocircuito, y me imagino que nunca más vuelves a leer ese blog de la misma manera. Se te cae el alma a los pies, vaya...
3. Que no tuvieras una idea definida, pero encaje tan bien que no podría ser de otra manera. Te sorprendes comprobando que la persona física se corresponde a la perfección con lo que se dibujaba a través de sus palabras. Demasiado bien, incluso. Hay una coherencia tan perfecta que quizás por eso, por ser tan exacta, jamás te habías atrevido a imaginarla, por no pecar de excesivamente iluso. La experiencia te deja una ligera sensación de irrealidad... de la buena: aún es posible que te sorprendan... agradablemente.
Ayer experimenté las tres situaciones.
Posted in:
on
domingo, octubre 26, 2003
at
a las
1:12 PM


