Las lágrimas de felicidad tiene un sabor dulce, un poco ácido, a medio camino entre el melón maduro y las frambuesas. Hay gente que las encuentra más cercanas a la miel de lavanda, con un punto picante, como de nuez moscada. No es recomendable darse panzadas a llorar de dicha, beberse esas lágrimas emborracha, entra hipo y cuando te despiertas, los rastros salinos que dejan a su paso son tentadores para quien amanezca a tu lado. Y no podrás evitar que, al despertar, se dedique a borrarlas de tu cara durante un buen rato. Que se le olvide la hora que es. Y que llegue tarde a trabajar...
Posted in:
on
jueves, octubre 02, 2003
at
a las
6:20 PM


