Llevo demasiado tiempo balanceándome peligrosamente sobre el abismo de la incertidumbre. Y eso que yo no tengo vértigo, y prefiero con mucho los barrancos del no saber a las planicies de la rutina, los despeñaderos de lo inesperado a los algodones de lo cotidiano y lo previsible... Pero tanto bamboleo me está empezando a marear, tanto que ya apenas disfruto con el paisaje, y sólo deseo un poco de estabilidad, un saber dónde estoy y qué puedo esperar de ello. Necesito imperiosamente poder poner los pies en el suelo. Saber si aún me funcionan.
Me asusta saber qué ocurrirá cuando la cuerda que me sostiene termine por escurrirse de mis manos.
Porque ya no creo que aguante mucho más...
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lunes, octubre 20, 2003
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a las
1:14 PM



Eso me suena tan próximo y cotidiano…
Pareciera que mi corazón se hubiese soltado a escribir, como si de esa hibernación que le impongo se hubiera escapado.
No creo que ocurra nada, porque el constante balanceo y el vértigo desmesurado, nos endurecen sobre manera hasta el punto de no sentir el dolor cuando esa cuerda se desgarra por la suma de peso y desgaste, y como piedra en el vacío nos precipitamos contra el absurdo suelo de lo real.
(Comentario típicamente absurdo de un David a media noche…)