Vuelvo a casa con los colores otoñales de la pradera de San Isidro en los ojos. Majos y majas con redecillas en el pelo retozando entre tortillas de patatas y chocolate con churros. Aguadores y pilletes robando fruta. Arrieros con borricos y cortesanas confraternizando con el pueblo llano. Toda la parafernalia castiza de los tapices de Goya, que tantos años hacía que no veía. Y no puedo evitar traerme conmigo a “Ana Karenina” y “Madame Bovary”... Ando bibliófaga yo últimamente. Mucho. Nada menos que siete libros comprados esta semana que aún no ha terminado. Y está claro que éste va a ser el otoño de las adúlteras pasionales en lo que a mis lecturas se refiere (también tengo en lista de espera de relectura “Las amistades peligrosas”...). El día invita a quedarse fuera, al sol, y así lo hago. En la terraza, el silencio y un té de jazmín me acompañan mientras me sumerjo en el primer capítulo de mi primera edición (¡qué no habrá visto este puñado de hojas amarillentas desde 1909!) de “El caballero encantado”, de Benito Pérez Galdós...
Sé que algún día echaré de menos todo esto...
Posted in:
on
jueves, octubre 09, 2003
at
a las
1:17 PM


