- ¿La dirección es la del DNI?
- Sí, no ha cambiado.

(El funcionario, con el carnet de identidad delante, copia los datos en su ordenador. Ella mira el techo, aburrida, deseando irse ya, después de haber esperado que, antes que ella, seis personas más pasaran delante.)

- ¿Y ahora me darás tu teléfono?

(Ella pega un respingo. Literalmente. Igual que cuando te echan por la espalda un cubito de hielo. Demasiado tiempo sin que intenten ligar con ella de manera tan de manual de primeros auxilios para desesperados. Vamos, de esos del “¿estudias o trabajas? o el “¿vienes mucho por aquí? Naftalina pura.)

- Pues no, no creo.

(Sonrisitas de suficiencia de él. Sudores fríos y mejillas ardiendo de ella...)

- Claro que me lo vas a dar...

(Ella empieza a ver que quizás, sólo quizás, esté metiendo la pata: ¿y si simplemente le está pidiendo el teléfono para rellenar el formulario? Esa autoestima tan por las nubes, qué malas pasadas juega a veces...)

- Bueno, dependerá si el ordenador lo pide, si es así se lo tendré que dar, claro...
- Lo pide, lo pide.
- Pues entonces qué remedio... Es el ........

(Tierra trágame. Ella mantiene el tipo, mirando el cartel que él tiene sobre la mesa “Prohibido fumar... sin ofrecer”. Que se dé prisa, por favor...)

- Bueno, tienes que pagar esto en CajaMadrid y traer después el justificante. No esperes cola, vienes, me lo entregas y ya está.
- Muy bien. Hasta luego.

(De vuelta con el papel sellado y menos dinero en el monedero. Con el resguardo en la mano, y saltándose a las doce personas que esperan su turno, ella le da el papel. El le devuelve su copia del comprobante de pago y con otra sonrisita. Una risita de “Vamos, nena. No seas tan dura...”. )

- Toma. Y que sepas que te ha salido más caro por no querer darme el teléfono.

(Alucinada, hasta el punto de empezar a dudar si antes se lo terminó dando o no, (“¿pero qué dice este tío”?), coge el papel y, ¿por qué no? le dedica una sonrisa radiante de despedida. Aunque, eso sí, sale por piernas del edificio, rezando para que la próxima vez que tenga que volver a esa oficina, el señor funcionario ligón esté tomando el cafelito de las 11...)

Son cosas que pasan. Cosas que me pasan.

0 dejaron sus dedos sobre el cristal: