Aunque parezca el típico argumento de libro americano de autoayuda, o el acertijo de qué fue primero, el huevo o la gallina, es cierto que para salir del hoyo del pesimismo hay que ser optimista. Lo complicado es cómo romper el círculo. Encontrar el punto débil donde el aro se quiebra, un lugar exacto que existe, pero que no está en los mapas, y que resulta tan difícil de encontrar cuando las únicas coordenadas de las que dispones son la latitud de tu desesperación por algo que ya se alarga demasiado, y a lo que no ves fin, y la longitud de una soledad inmensa, como un islote inexpugnable en medio de ninguna parte.
Es duro salir de la rueda del “estoy triste, así no puedo ir a ningún lado”, “no puedo salir de esto, por eso estoy tan triste”. Así que no queda otra que estar muy atento a cualquier indicio favorable, a cualquier logro por tonto que parezca, a la más pequeña alegría que nos lleve a pensar que sí, que es posible, que a pesar de todo se puede, y, sobre todo, que merece la pena romperse el alma por conseguir un pellizco de esa felicidad que algunos dicen haber visto de cerca, y que tanto se nos resiste.
Posted in:
on
martes, diciembre 16, 2003
at
a las
6:38 PM


