Cuando dejes de sonreír al ver cómo me sobresalto cuando llegas sin hacer ruido.
Cuando, en lugar de observarme como un científico durante meses para saber qué es lo que más ilusión me hace, compres cualquier cosa de ésas que gustan a todo el mundo, para salir del paso.
Cuando ya no te esfuerces por mantener en secreto durante quince días que tenías entradas para una de las películas más esperadas de los últimos tiempos, y ya no me montes numeritos misteriosos, con sms enigmáticos incluídos.

Cuando pierdas esa capacidad de sorprenderme, y de disfrutar con ello más que con ninguna otra cosa, sabré que te he perdido. Aunque será fácil darse cuenta.

Estarás muerto.

0 dejaron sus dedos sobre el cristal: