Es una zozobra de esas que sabes que te atenazarán, sin piedad y en crescendo, por mucha voluntad que quieras echarle, por muchas veces que ya hayas pasado por ello. Empieza suavemente, cuando ves la cita en el calendario, al echar el vistazo general al mes que entra. El corazón te da un vuelco, pero no le haces mucho caso, demasiado tiempo por delante, el suficiente como para que la cabeza aún sea la dueña de la situación; y todavía sea capaz de decirte, y de convencerte, de que sólo es una revisión, y que si todo parece en orden, lo estará, y eso no es más que una forma de asegurarse. Y sigues viviendo, hasta que el día es mañana, y mañana es hoy, y hoy se transforma en “los resultados dentro de un mes”. Y la inquietud pasa a convertirse en un pesar constante, que intentas ignorar, pero que es físico, y seguirá ahí, aposentado en tu estómago, contigo, inseparable, hasta el día en el que, una vez más, se decida a una sola carta su vida entera. Tu vida entera.
Y seguramente volverás a respirar con alivio, como las otras veces, y volverás a vivir despreocupadamente otros seis meses. Y verás al miedo que te acompañó durante las últimas semanas esfumarse ante tus ojos, disolviéndose como lo hace un terrón de azúcar en un café caliente, de golpe, dejando sólo una nubecilla que al poco ni siquiera distingues, aunque la estela de su amargor permanecerá, durante un tiempo.
Un regusto de primeras desagradable, pero a fin de cuentas útil, porque realza y de qué manera, el sabor suave y lleno de matices de las pequeñas cosas que la vida, en el día a día, te regala en cuanto se descuida un poco y se olvida de ponernos las cosas tan difíciles...
Posted in:
on
martes, diciembre 02, 2003
at
a las
1:43 PM


