Podría vivir hasta el fin de mis días con la ropa que tengo. Aunque fuese hecha un adefesio, raída, y pasada de moda, y tuviese que coser ese roto, de puro gastado, y darle la vuelta a ese cuello, o subirle el dobladillo a ese abrigo tan largo, y ponerle medias suelas a los zapatos. Sé que podría.
Podría tirar todos mis libros a la basura si me obligasen a punta de pistola, y guardar tan sólo el Quijote, el único libro que hubo en casa de mis padres hasta que yo empecé a llenar la casa de papel. Lo leería mil veces. Y cada vez, volvería a sorprenderme de mi propia sorpresa, y a reírme a carcajadas en el metro, mientras la gente me mira raro y a mí me importa un pito.
Podría dormir cada noche en la posada de la Estrella, en un saco, entre cartones, y tomar una ducha en un albergue, cuando tuviera la suerte de encontrar sitio. Y ver el cielo despejado y el sol brillando me alegraría el día, porque sabría que esa noche no dormiría bajo la lluvia.
Podría no tener nada. Y seguiría teniéndolo todo.
Porque le tengo a él…
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sábado, febrero 14, 2004
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2:00 PM


