Posiblemente sea una idiotez, no digo yo que no. Pero es una realidad, un sentimiento que aún me sorprende y me sobrecoge, y por eso lo cuento. Un hecho del que tener conciencia quizás sea estúpida frivolidad cuando se ve lo que se está viendo estos días, pero que a mí me conmovió y me sigue conmoviendo profundamente, sencillamente porque no me lo esperaba. Hace un año, mi móvil no hubiera sonado a las ocho y cuarto de la mañana, menos de una hora después del atentado, preguntándome angustiosamente si estaba bien, porque yo vivo en Madrid, y uso el tren (ahora menos, pero también…). Hace sólo doce meses, mi teléfono se hubiera estado callado, como suele ser habitual, en lugar de pasarse la mañana, lanzándome mensajes doloridos e inquietos por mi desde Cataluña, Castilla y León o Galicia, una segunda vez, y una tercera, y una cuarta, y una quinta, y una sexta vez… Y no hablo todavía de los comentarios de aquí, llegados de todas partes, incluso de ultramar…; esos digamos que los esperaba, eran para mí más previsibles, más lógicos, pero no por eso menos emocionantes. Sin embargo, las llamadas y mensajes hacia mi móvil, ésas mismas que saturaron la red en un trasiego de preocupación y esperanza, de angustia y alivio, han sido para mi una sorpresa: reconozco que jamás pensé que nadie me llamaría, que pudiese llegar a importar hasta ese punto a gente que sólo me ha visto un par de veces o que nada más me conoce por lo que escribo. Pero es así. Y aún ahora, mientras escribo, se me llenan los ojos de lágrimas de agradecimiento, porque sé, ahora sí, que aunque dejara de escribir el blog, ya sí que no, ya nunca estaré del todo sola. Porque hay demasiados hilos que llegan hasta mí desde la blogosfera y que la cruzan hasta llegar al mundo real, y si un día me hace falta tirar de ellos, alguien responderá. Porque escribir aquí mis miedos, mis experiencias o mis reflexiones no han hecho otra cosa que proporcionarme alegrías en el último año, satisfacciones que, cuando creo que ya son inmejorables, vuelven a ser superadas con creces.
Sí. Tener un blog es algo bueno. Muy bueno. De lo mejor que me ha pasado en la vida.
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sábado, marzo 13, 2004
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2:10 PM


