Asombrada ando de mi actitud extremadamente tranquila y despreocupada desde que llegué a este nuevo trabajo, pronto hará ya dos meses. Lo que no significa que no cumpla con mis obligaciones, que lo hago, y ya con absoluta soltura. Pero sencillamente me limito a hacer lo que tengo que hacer, a faltar cuando tengo que faltar, y a no darle a las cosas más vueltas que las estrictamente necesarias. O sea, nada que no se debiera hacer siempre, en cualquier situación. No sé si será porque sé que todo se acabará en septiembre, y porque que se termine o que continúe me importa bien poco, pero el caso es que me siento más a gusto de lo que había estado nunca en ningún empleo. Sin tener que demostrar absolutamente nada, sin necesidad de que ganar enteros para continuar, sin miedo a defraudar, ni afán por destacar. Nada. No consigo que nada me altere ni me preocupe. Sé que haré lo que tengo que hacer, lo hago cuando toca y ya está. A casita. Dejando el trabajo en la oficina. Y volando libre cuando abren la jaula a las 7 de la tarde.
¿Tendré madera de empleada temporal y no me había enterado?
Posted in:
on
miércoles, abril 07, 2004
at
a las
3:01 PM


