Hay ocasiones en que tengo que sujetarme la mano para no pegarle una colleja a ese niño con cara de tonto que mira a su madre mientras hace exactamente lo contrario de lo que ella le está diciendo. Porque me conozco, y sé que sería capaz de dársela al salir del vagón, y quedarme tan fresca… Otras veces creo que no me vendría mal una licencia de armas para salir a la calle, porque mis miradas asesinas van a terminar trayéndome problemas… Aunque aún el código penal aún no contemple penas, nunca está de más prepararse, que las carga el diablo…
Y es que cada día tengo menos paciencia. Yo, la que fui reina del aguante, la estoica, la que siempre contaba hasta mil, cuando le bastaba llegar cincuenta para haberlo olvidado todo, veo con sorpresa que de diplomacia y mano izquierda, me queda cada vez menos, la justa para convivir sin sembrar demasiada desolación a mi paso y para que no me partan la cara.
Supongo que debería andar medio preocupada, joder, mi carácter se está agriando, estoy de un borde de impresión, no aguanto ni media sin saltarle a la gente a la yugular… ¿¿¿qué me está pasando??? Pues no. Al contrario. Para alguien que hizo del saber esperar un turno que nunca llegaba una filosofía de vida, cada nuevo paso adelante dado en el momento justo es una conquista. Para una panoli como yo, acostumbrada a callarse mientras llovían los palos, cada pequeño sopapo atizado y no recibido es una pequeña victoria.
¿Qué demonios? Las cosas como son: mola ser mala.
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domingo, abril 11, 2004
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3:01 PM


