Lo veo venir, de forma clara, inequívoca, sin posibilidad de error y, lo que es peor, sin opción a pararlo o a esquivarlo. Pero aunque lo identifique cuando se acerca, siempre aparece de golpe, sin avisar, como cuando la leche hirviendo se desborda del cazo. Y, como ocurre con la leche, aunque sé que tengo calentándose algo en la cocina, siempre llego demasiado tarde para retirar el cazo del fuego y evitar la catástrofe. Supongo que es lo que algunos denominan “mal genio”, aunque yo nunca grite ni pierda los papeles en escenas violentas o subidas de tono. “Carácter fuerte” lo llaman otros, pero yo jamás he sido de apabullar a nadie con mis argumentos, ni con mi sarcasmo o ironía, porque siempre reacciono demasiado tarde y las respuestas más mordientes se me ocurren cuando ya estoy de vuelta a casa... “Personalidad resolutiva” quizás sea lo que más se acerca, porque cuando tengo claro que la cosa no da más de sí, no puedo prolongar una agonía inútil, y actúo sin que me tiemble el pulso, con una frialdad que hasta a mí misma me sorprende, simplemente porque no estoy acostumbrada en el día a día a ver tan claro y a proceder con tanta decisión.
Como el que intuye el cambio del tiempo por la fractura del tobillo que se rompió esquiando, presiento que se acerca un “momento-leche-hirviente”. Ya me parece oler la chamusquina sobre la placa, así que pronto voy a tener que sacar el ScotchBrite, y me va a tocar ponerme a frotar con fuerza para eliminar los restos del desaguisado. No me gusta nada tenerlo tan claro, pero no puedo evitar verlo venir con una claridad pasmosa, que aunque ahora me fastidie, después me hará sentirme bien, aunque también me sienta mal, porque aunque fría y despiadada, una también tiene su corazoncito empático y solidario con el agraviado. Para mí no es fácil ser mala, pero a veces es mucho más fuerte que yo, y es precisamente esa incapacidad de manejar la situación, de que se me escape de las manos como si tuviese vida propia, lo que más me molesta, mucho más que el haber herido a alguien que, seguramente, no merecía tanto ensañamiento. Me fastidia no poder evitarlo, que esa opción se me niegue, aunque, seguramente, de poder hacerlo no la elegiría. Porque cuando llego a ese punto ¿acaso lo evitaría, si pudiera?
Pues creo que no.
Posted in:
on
lunes, abril 05, 2004
at
a las
3:02 PM


