Es fácil caer en el error de pensar que todo es posible en estas fechas. Que la magia del calendario, al cerrar un ciclo para abrir uno nuevo, podrá hacer lo que no somos capaces de conquistar en el día a día. Pero, aun así, seguimos cayendo, año tras año, en la ingenuidad de pensar que podremos pegar el gran volantazo a nuestras vidas por el simple hecho de tener un año nuevo por delante. Y es que aunque no seamos capaces de verlo, siempre, cada segundo, tenemos un año por delante. Pero estos son tiempos de listas de buenos propósitos, de resoluciones tan dramáticamente firmes ("Esta vez sí que dejo de fumar. Sin falta a partir de ahora me apunto a una ong...") como efímeras. La virginidad inmaculada de las agendas aún flamantes es en parte culpable de esa ilusión óptica, pero apenas necesitamos unas semanas para superar esa sensación y darnos cuenta una vez más de que nada cambia porque sí, pero todo puede cambiar si así lo decidimos o las circunstancias, feliz o dramáticamente confabuladas con el azar, lo estiman oportuno. Cualquier día. Incluso el más "feo" de todo el calendario.
Porque, igual que ocurre con la lotería, si algo tiene que pasar, pasará, dará igual que sea el día con el número más bonito, más horroroso, o más anodino de todo el bombo...
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martes, diciembre 28, 2004
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11:48 AM


