Desde muy pequeña me gustaron las historias de gente emprendedora, personas salidas de la nada que se montaron con el tiempo y su esfuerzo un negocio saneado y algunos, los menos, un verdadero imperio. No podía evitar pensarlo cuando en Navidad, por ejemplo, íbamos a comprar turrón a la Casa Mira, o mi padre traía pasteles de Mallorca. Esos paletos llegados a Madrid a principios de siglo con lo puesto y que ahora, al cabo de los años, tienen al frente de sus negocios a sus nietos y bisnietos, y un montón de tiendas y empleados venidos de países exóticos que, ni en sus mejores sueños podían llegar a imaginar. Por eso me gustan tan poco las franquicias, que sí, que son mucho más seguras, pero sin ninguna personalidad propia, y lo que es peor, sin ese encanto, irresistible para mí, del vértigo de lo desconocido, del riesgo de estrellarse o llegar a lo más alto, en igualdad de posibilidades… Arrastrado por la corriente de la mala fortuna o mecido por el suave oleaje del que tiene a la suerte de cara…
A veces me gustaría tener el valor de arriesgarme en una aventura así: poner una tienda, una librería o un restaurante. Me tienta y envidio el valor de la gente al hacerlo, incluso esos emigrantes chinos o sudamericanos que al poco de estar en España ya tienen su locutorio o su tienda de comestibles. Pero debe ser que soy demasiado cobarde. Me frena la esclavitud que supone tener un negocio propio, tanta dedicación y tiempo destinado a al trabajo. Aunque lo que más me asusta es ¿para qué negarlo? el miedo a que mi tienda sea una de esas que, al poco de abiertos, cuelgan el deprimente cartel de “se traspasa” o “se alquila”. No puedo evitar un escalofrío de pena cuando veo esas tiendas vacías, llenas de polvo y cartas desordenadas bajo la puerta. Negocios que, imagino, sus dueños montaron con ilusión y esperanza, pero que en algún momento se torcieron. Y la desilusión y la derrota de éstos pobres desgraciados, simbolizada por un puñado de cartas y folletos publicitarios amarilleando bajo un cierre echado, logra ser más fuerte que el éxito deslumbrador de los descendientes de los paletos de principio del siglo XX que sí triunfaron…
Sí, lo reconozco: soy una sentimental. Una romántica incorregible.
Y una miedica, también.
A veces me gustaría tener el valor de arriesgarme en una aventura así: poner una tienda, una librería o un restaurante. Me tienta y envidio el valor de la gente al hacerlo, incluso esos emigrantes chinos o sudamericanos que al poco de estar en España ya tienen su locutorio o su tienda de comestibles. Pero debe ser que soy demasiado cobarde. Me frena la esclavitud que supone tener un negocio propio, tanta dedicación y tiempo destinado a al trabajo. Aunque lo que más me asusta es ¿para qué negarlo? el miedo a que mi tienda sea una de esas que, al poco de abiertos, cuelgan el deprimente cartel de “se traspasa” o “se alquila”. No puedo evitar un escalofrío de pena cuando veo esas tiendas vacías, llenas de polvo y cartas desordenadas bajo la puerta. Negocios que, imagino, sus dueños montaron con ilusión y esperanza, pero que en algún momento se torcieron. Y la desilusión y la derrota de éstos pobres desgraciados, simbolizada por un puñado de cartas y folletos publicitarios amarilleando bajo un cierre echado, logra ser más fuerte que el éxito deslumbrador de los descendientes de los paletos de principio del siglo XX que sí triunfaron…
Sí, lo reconozco: soy una sentimental. Una romántica incorregible.
Y una miedica, también.
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domingo, noviembre 12, 2006
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a las
3:37 PM



a mi no me parecen pobres desgraciados, se arriesgaron, posiblemente les fue tan bien que el negocio les fue pequeño y se trasladaron para un local mas grande. Quízá ganaron suficiente para irse. O puede que en realidad fuera asi, que no les diera lo suficiente para seguir con el negocio, decidieron cerrarlo y seguir por otro camino, habiendo ganado la experiencia de haber tenido un negocio propio.
A lo mejor ganaban bastante pero no les satisfacía personalmente, no sé puede haber tantas y tantas historias detrás de un negocio cerrado. Pero no me parece para nada una desgracia, son diferentes puntos de vista. Quizá porque yo he tenido mas de un negocio y cerré por diversas razones, pero no porque no me diera dinero y eso me haga verlo de otra manera.
un abrazo.
Me gusta tu optimismo, Hnh, pero me temo que la mayor parte de esas tiendas que duran unos meses, o esos restaurantes que terminan traspasándose al poco de funcionar no desaparecen porque se hayan expandido y hayan necesitado un local mayor, ni tampoco porque hayan ganado dinero a espuertas, como para que sus dueños se retiren...
Te puedo asegurar que, cada día, levantar la verja de un negocio propio, es una nueva aventura de la que no sabes si saldrás airos@.
Lo sé porque lo he mamado y porque sigo comiendo de ello.
Es curioso, Teresa, pero cada vez que voy a la ciudad (yo soy de pueblo) y veo un negocio abandonado,tal y como tu describes... con las cartas ajadas debajo de la puerta, siento tristeza. Y sí, es cierto, las grandes superficies, las franquicias, acaban con el romaticismo rancio de las tiendas familiares, de esos comercios que hasta exhalan, sin temor a exagerar, cariño.
Sin lugar a dudas que embarcarse actualmente en un negocio propio, es toda una gesta.
Yo conozco a mis clientes, un@ por un@, y sé de sus gripes y hasta he visto las fotos de sus nietos. Pero la señorita del Corte Inglés no conoce a nadie.
Buenas Tere!!! Ahora sí que me he quedado pensando en eso de que los negocios que no prosperan puede ser por varias razones.
Yo creo que lo más importante de crear un negocio primero es ver qué mercado no está contemplado para así crear un negocio que le llegue a ese mercado y de ahí mantenerse con publicidad (es increíble, pero cierto) y finalmente saber vender. Con esos 3 factores (entre otros) se logrará mantener un negocio propio diferente de una franquicia y con una larga vida asegurada.
Y sí, efectivamente yo estudié marketing (eso tiene algo de publicidad), así que si necesitás mi ayuda, sólo avisáme, puede ser?
Un abrazo, chau!!!
De todo corazón:
Arthur
Me temo que yo tiendo a compartir esa visión más bien pesimista de lo que se esconde tras una polvorienta verja cerrada a cal y canto...
De alguna manera yo también tengo una de esas tiendas, aunque el producto que vendo soy yo mismo. Por eso entiendo bien lo que significa saber que también dependes en cierta medida de factores totalmente ajenos a tu mejor o peor desempeño.
Y sobre lo apuntado por angelusa en su última línea tengo que decir que no siempre las cosas se presentan de esa manera. Yo vivo en una ciudad pequeña, en la que conviven cada día con mayor dificultad los comercios tradicionales con las nuevas fórmulas empresariales (de distribución me atrevería a decir casi más que de venta). Tal vez sea un problema de mis conciudadanos, pero lo cierto es que media un abismo entre el trato profesional, educado y resolutivo que se te brinda, por ejemplo en el Corte Inglés que se cita, cuando tienes el más mínimo problema con algo que compraste hace poco y que misteriosamente no funciona como debería, y la mirada sospechosa, de reprobación y totalmente a la defensiva que acostumbran a usar por aquí la mayoría de esos dueños de tiendas de toda la vida que una vez que te han vendido algo siempre piensan que serás tú el culpable de cuanto suceda a partir de ese momento. Este comportamiento está bastante generalizado, y desde luego hace que te plantees ir al Corte Inglés por si acaso algo sucede. Por supuesto están también las excepciones, como el dueño de la zapatería donde compro los zapatos a mis hijos que me deja llevarme todos los pares a casa para probarlos con calma y decidir cuales le sientan mejor.
En fin, que a mi también me gustaría Teresa, ...lo del restaurante digo...y he estado a puntito un par de veces. Pero me pasa como a ti, que soy un cobardica.
Un beso,
Bueno, Artur, muchas gracias. Bueno es saber que eres del gremio, por si acaso pierdo el miedo y me lanzo. Dicen que es bueno tener amigos hasta en el infierno, ¿no?
Hubo un tiempo en el que trabajé en una tienda de ésas que describe Angelusa, y comparto lo que dice de crear esa cercanía con los clientes, esa familiaridad imposible en las grandes superficies. Pero estoy con Almach en las ventajas de un Corte Inglés, donde la eficacia fría pero competente ante cualquier pega es algo que no consigues en el pequeño comercio, donde a veces te exigen una "lealtad" que no procede.
Ays, Almach. Me has llegado al alma con lo del restaurante. ¿De veras has estado tentado de poner uno? Sorprendida agradablemente, constato que hay algo (más) que compartimos. ¿Qué será lo siguiente?
Te sorprenderías aún más si supieras lo cocinillas que soy... (y bastante bueno, por qué no decirlo...).
Lo he dudado dos veces en los últimos cinco años. Y es cierto, he sido demasiado cobarde...por eso ahora estoy tratando de montar algo parecido pero meramente lúdico, solo para unos pocos que comparten mi gusto por los fogones, por experimentar... Ya tenemos las elegantes chaquetillas con nuestros nombres bordados, y unos preciosos delantales. Ah!, y lo mejor de todo, una preciosa casita en un pueblo cercano en cuya cocina hacemos y deshacemos una vez al mes.
(Jo!, esto es una confesión en toda regla, jajajajaja).
¿Algo así como una logia gastronómica, Almach?
Mmmmmmm... Suena genial, la verdad.
Algo así, Teresa. Sin la farándula de las del Norte, íntima, solo para seis u ocho personas, cuando más diez. Todos son bienvenidos, es decir, hijos y parejas incluidos en el lote. Cocinamos dos y un tercero nos echa una mano con las salsas, con los cortes en juliana, con las comidas de los peques...(además de recoger la mesa y encargarse del líquido elemento). Ponemos tanta ilusión en ello Teresa que...que...en fin, que es delicioso. Luego...en verano el jardín, de esos de los de antes, con césped rústico, jardineras de madera, y farolillos al caer la tarde. En invierno dos comedores con dos preciosos "fuego a tierra" nos calientan. Todo modesto, hecho poco a poco (creo que este año deberemos cambiar el horno y la cocina, que ya están cascadillos ambos...).
Un abrazo de nuevo, y disculpas por dejarme llevar por mi entusiasmo.