A veces me sorprendo a mí misma adoptando actitudes que tiempo atrás hubieran hecho volar por los aires mis esquemas. O me veo haciendo cosas que antes evitaba hábilmente, bien fuera por miedo o por simple falta de curiosidad. Y lo mejor de todo es que ninguna de las dos situaciones me incomodan, muy al contrario. Y es que aunque reconozco que nunca he sido una persona rígida, lo que es en los últimos tiempos soy cada día más maleable, dúctil hasta límites insospechados. Supongo que eso no dice mucho de mis sólidos principios y convicciones, que quizás denota una personalidad débil e influenciable, sin una línea de comportamiento definida. Es posible. Pero creo que es precisamente esa capacidad de adaptación a lo que la vida me va deparando lo que define mi línea. Ese escuchar con agrado cualquier otra opción distinta a la mía, no sea que me vaya a perder una posibilidad mejor que yo desconocía. Esa apertura de miras y disposición al cambio sin sentirme mal por dar mi brazo a torcer y terminar por desechar actitudes o comportamientos que había defendido hasta ese momento.
Fui una adolescente obediente y dócil, de esas que hacen lo que se espera de ellas sin plantearse una alternativa: el sueño de cualquier padre, y justo lo que, por salud mental, nunca se debería ser. Quizás ahora me esté saliendo todo el ímpetu contestatario y experimental que no desarrollé en su momento. Es muy posible. Porque hay cosas por las que, de alguna u otra forma, antes o después, hay que terminar pasando. Y esta efervescencia mía de ahora, tan contraria a la estabilidad y a la buena cabeza que se le supone a la madurez y al cumplir años, no es otra cosa que ese sarampión de rebeldía del que, afortunadamente, ni los mansos estamos libres.
Fui una adolescente obediente y dócil, de esas que hacen lo que se espera de ellas sin plantearse una alternativa: el sueño de cualquier padre, y justo lo que, por salud mental, nunca se debería ser. Quizás ahora me esté saliendo todo el ímpetu contestatario y experimental que no desarrollé en su momento. Es muy posible. Porque hay cosas por las que, de alguna u otra forma, antes o después, hay que terminar pasando. Y esta efervescencia mía de ahora, tan contraria a la estabilidad y a la buena cabeza que se le supone a la madurez y al cumplir años, no es otra cosa que ese sarampión de rebeldía del que, afortunadamente, ni los mansos estamos libres.
Posted in:
on
sábado, noviembre 18, 2006
at
a las
12:07 AM



Suscribo total y absolutamente lo que dices. Me he quedado con la boca abierta... de la impresión de verme reflejada.
¿Será un virus prévio a la pre-menopausia?
Alucino contigo, Teresa... te lo juro.
Quizás, Angelusa, es sólo que has llegado hasta este blog por algo, ¿no?
Quién sabe...
Bueno...hasta el punto de la pre-menopausia tampoco creo que sea...; más bien es la sincronía de los años con una ubicación secuencial muy centrada.
Obviamente Teresa eres una revelación puramente visceral....con una elegancia racional que te hace adaptable (que no maleable), al despertar de cualquiera afecto de cariño.
-Y te quiero tía...por todo lo natural que eres en los tiempos que corren...
Es decir como decimos en esta (mi) tierra...:!! Qué te haces querer só joía...!!!
Un beso.
SiempreAsí, mil gracias por los elogios, y por el cariño, que siempre me haces notar y te agradezco infinito.
¡Quién sabe, Teresa! Sabes decir las cosas de una manera que yo no sé decirlas, y sin embargo, de esa misma manera, las siento.
El caso es que me encuentro muy agusto leyéndote.
Y un día despiertas y sientes que te falta algo...
Buenas Tere, sólo quiero decirte que de alguna forma yo también fui como vos, siempre fui obediente, bien portado, pocas veces he hecho rabiar a mi Madre y jamás le he dado algún motivo de angustia (salvo esa vez que unos delicuentes me glopearon para robarme mis cosas, pero eso no fue culpa mía).
Wow Tere, nunca me cansaré de leerte y quiero que sepas que yo también te quiero desde acá, te quiero como un amigo que quiere a una amiga.
Un saludote y abrazote, chau!!!
De todo Corazón:
Arthur
No, Manuel. Un día despiertas y sabes que tú también te mereces ese algo. Y vas a por ello.
Me da que aún eres jovencito, Arthur, llegará tu momento de gloria y rebelión. Y gracias por tu presencia continua en esta ventana. Pero cuidado, a ver si te vas a empachar de tanto leerme...