Cuando vienes de una familia en la que las tradiciones y los ritos son sinónimo de chorradas inútiles, terminas mirando con envidia a la gente que cuenta historias de costumbres que se arrastran inalterables desde sus tatarabuelos. Recetas que se remontan a los tiempos de Maricastaña y que se hacen cada Navidad, pase lo que pase y salga el sol por Antequera. Esas pequeñas cosas inútiles para la vida práctica que tan necesarias son para el espíritu, o al menos para ciertos espíritus, y que a veces son lo único que te queda cuando todo se ha perdido.

Si además tienes un carácter amigo de esas cosillas, los libros viejos, las fechas señaladas, los detalles que no cuestan dinero pero sí esfuerzo imaginativo, mirarás con curiosidad muchas costumbres ajenas que no te importaría adoptar, es más, te encantaría, vaya, aunque no lo haces porque así, sin ton ni son, se hace raro. Como que no viene a cuento. Y es que para empezar a hacer algo que se convierta en una costumbre y que a su vez termine siendo una tradición hace falta algo tan simple como ver una continuidad, así que si te falta eso, la posibilidad de que alguien más allá de ti siga con ello, terminas por dejarlo estar, y sigues mirando con pelusilla y carita de pena a los que pueden contar que hace años y generaciones que hacen esto y lo otro. Y sigues viviendo lo único que tienes: una vida demasiado en presente, que también tiene su aquel, por lo de vivir el momento y todo eso, pero que te obliga a la dolorosa renuncia que supone prescindir del mohoso y polvoriento encanto de las cosas que perduran más allá del tiempo y de las personas.

Es lo que tiene ser el último eslabón de la cadena...

5 dejaron sus dedos sobre el cristal:

  1. Ya, bueno, pero hay algunas tradicciones a las que nos apuntamos aunque no estemos convencid@s, ni las practiquemos con entusiasmo. Sin ir más lejos, la odiosa navidad en cualesquiera de sus múltiples facetas.
    Buenos mediodías, Teresa...

  2. Sí, pero ¿y esas tradiciones que te hacen sentir parte de algo, de una cadena sin principio ni fin? Debe ser maravilloso, Angelusa.

    Eso es lo que envidio.

  3. Si que lo es, sí. Yo hablaba de la odiosa navidad más que nada por proximidad de fechas, pero involucrarse en los rituales (las uvas, el amigo invisible...), de esa o de otra tradicción cualquiera, tiene su emoción, su cosilla, porque en mi casa nunca se hizo y, como a escondidas, lo hago en casas ajenas... (Guárdame el secreto...).

  4. Buenas Tere, ya he leído tu post y me parece que sólo hay que hacer caso de las tradicionales que han perdurado por años y que nos llenan de felicidad. La Navidad es bonita, a mí me gusta y me emociona cuando se acerca. Recuerden que celebramos el nacimiento de Jesús, así que olvídense del señor viejo, gordo y vestido de rojo, barbado y y que tiene una peculiar forma de reir (Jojojojo!), eso más bien es un ícono.

    La verdad iba a responder otra cosa pero se fue la luz por mucho rato y tuve que volver a empezar y se me olvidó lo que quería poner (que mala leche).

    Saludotes, abrazotes y besotes.

    Sweet Dreams, de todo Corazón:
    Arthur

  5. Ays, Arthur. A veces me pregunto ¿eres de verdad?
    No puedes ser tan.... tan.