LUZ (I)

Atraviesas el vestíbulo del hotel y me miras. Me conoces de vista, aunque seguramente ni sepas cómo me llamo, a pesar de los muchos cafés que me has servido en los últimos tres años, los suficientes para saber no sólo cómo me gusta, sino otras cosas, a poco observadora que seas. Que soy una solitaria, aunque a veces venga acompañada. Que me gusta leer los periódicos en el sofá, en el que empiezo sentada y termino medio tumbada, como si estuviera en el salón de mi casa. Que en verano tomo café con hielo, y el resto del año con leche, aunque los días de mucho frío siempre termino pidiéndote un colacao.

La barra de la cafetería es tu territorio, aunque el comedor también reclama tu presencia. Un único camarero debe atender las mesas y estar pendiente de que ningún café tarde demasiado en ser servido. A mí no me importa esperar, tengo tiempo y tampoco vengo especialmente porque aquí el café sea una maravilla. Es más, cuando tú no estás tu compañero, ese regordete de la barbita, lo sirve mucho mejor, cremoso y perfecto en proporciones de café y leche. Sin embargo, muchos mediodías, después de comer, me refugio en ese rincón, el del sofá junto a la ventana, no para espantar la modorra de la hora de la siesta, sino más bien porque ese café es la excusa que necesito para hacer un paréntesis que me oxigene un poco antes de volver al tajo. Sin humo, sin ruido, conmigo misma, con mis lecturas y mis pensamientos.

“Cuánto tiempo sin verla. ¿Todo bien?". Quizás lo hagas con todo el mundo, es parte de tu trabajo resultar agradable, pero me has dedicado una sonrisa que ya es sólo mía, me pertenece, y me la guardo en el bolsillo, para más tarde, cuando me haga falta. Seguramente tenga que echar mano de ella luego, cuando alguien me pegue un grito a destiempo al que no sepa responder. Entonces recordaré tus ojos risueños y pagaré al faltón su desaire con un mohín pícaro, y él, desconcertado, tendrá que guardarse su agresividad para otro.

Te llamas Luz. Y ciertamente, tu sonrisa ilumina. Como lo hacen esas pequeñas cosas a las que no damos demasiada importancia hasta que empezamos a echarlas de menos.

7 dejaron sus dedos sobre el cristal:

  1. El autor ha eliminado esta entrada.
  2. Me cuesta comprender que alguien habilite los comentarios de su blog si no piensa contestarlos ni reaccionar a ellos. Sé desde hace mucho tiempo, Teresa, que no eres la única en hacerlo, pero con el tiempo, en vez de comprenderla, me parece cada vez más una actitud desconsiderada, poco generosa, casi absurda. En el post anterior, por ejemplo, alguien te tiende la mano y sólo encuentra silencio, ni siquiera un gesto de buena educación. No está bien. Hay blogs en los que no se puede comentar: me parece una elección más honesta, si uno no piensa contestar a nadie. Si existe una diferencia entre leer en papel o hacerlo aquí es que, habiendo la posibilidad de comentar, uno puede decir algo, y, no nos engañemos, se lo dice al autor del texto. Ésa es la diferencia. Si al otro lado sólo hay silencio y desinterés lo cierto es que lo que queda es una sensación de decepción. Ya has leído lo que escribí en el comentario que acabo de suprimir. Todo él era cierto, sigue siendo cierto. Si lo he borrado es porque no creo que merezca, ni él ni el del post anterior que he mencionado, ni tantos otros, permanecer incontestados e ignorados por su destinataria. No está bien. No se lo merecen.

  3. Lo siento, Jesús, lo siento mucho si has interpretado mi silencio como pasotismo y desconsideración. Nada más lejos. Cualquier comentario es algo que valoro mucho (no tengo muchos, como puedes ver), pero si viene de alguien por quien tengo tanto respeto como eres tú, mucho más. Interpreta mi silencio, en la mayoría de los casos, como mi incapacidad a responder a una buena crítica, una modestia estúpida que sólo consigue que alguien como tú me pegue una buena bronca.

    Poco puedo añadir. Sólo repetirte que siento si te ha ofendido mi silencio.

  4. Discúlpame tú a mí, Teresa. ¿Quién soy yo para decirte lo que tienes que hacer? Perdóname. Un beso.

  5. Eres alguien que me lee, y que opina sobre mi actitud, Jesús.

    Y esa opinión tuya la tengo muy en cuenta, como has podido comprobar...

  6. Intenté dejar un comentario y se me borró. A ver si tengo más suerte esta vez.

    Te decía que te vengo leyendo desde hace tiempo, me encanta la manera que tienes de expresar esos sentimientos tan tuyos, pero también tan de todos aquellos que no podemos expresarlos como tú.

    Aprovechando los días de fiesta y para que acompañe tus horas junto a la sonrisa de Luz, te regalo esta mirada soñadora.

    Besos

    http://photos1.blogger.com/photoInclude/blogger/5472/596/1600/14.0.jpg

  7. Muchas gracias, Sel1. Disfruta tu también de estos días.