Cuando te toca formar parte de una mesa en las elecciones, puedes reaccionar de dos maneras. Acordándote de toda la familia del que inventó el sistema democrático y de paso también de los progenitores de los padres de la constitución, o poniéndote contenta. Yo me puse muy contenta. Desde que voté por primera vez, me apetecía la posibilidad de ver las elecciones desde el otro lado de la urna. Aunque la gente que lo había hecho me dijese invariablemente que era un rollo y un marronazo, que acababas harta y cansadísima, que terminabas hecho migas a las tantas de la noche, y que no merecían la pena los 60 euros que te daban (a mi me dieron 84,00...). Yo quería que me tocara, y claro, no me tocaba... Hasta que dejé de pensar en ello. Cuando ya daba por hecho que esta vez tampoco, recibí notificación de que esta vez sí. Primera Vocal. Y titular, nada de suplente. Si me hubiesen dicho que me había tocado un viaje al Caribe en el sorteo del supermercado de la esquina, no creo que me hubiese puesto tan entusiasmada ante la idea. En fin, lo reconozco, soy un bicho raro. Un espécimen extraño y excéntrico que disfrutó un montón del día de ayer, a pesar de acabar sin sentir los dedos (me tocó escribir...) a las 2 de la madrugada, desde las 8 de la mañana. Me gustó ver a mis vecinos votar, sus guiños cómplices al verme devolverles el DNI, me encantó el grupo de gente que me tocó en la mesa, me cayeron igual de bien el interventor del PSOE que la del PP, aunque por muy distintas razones, descubrí que tengo una vecina de urbanización bien maja a la que le tocó ser presidenta, no me importó comer y cenar un triste sandwich y un zumo a toda velocidad, y me chupé literalmente los dedos con los pasteles y la empanada de los socialistas, aunque tampoco hice ascos a las botellas de agua fresquita ni a los rotuladores y bolígrafos de los de Rajoy...
Ojalá me toque otra vez. Si no, estoy pensándome ofrecerme de interventora para las siguientes elecciones. Pero... ¿en qué partido? ¿En el que voté ayer? Supongo que sí.
Sin embargo, reconozco que la idea me atrae y me tira para atrás a partes iguales. Porque sería pasar a la acción. Dejar de mirar cómo los demás hacen cosas, y actuar. Formar parte de algo. Un paso importante, aunque parezca una tontería significaría implicarme de manera activa en política... Aunque sólo sea a nivel de una agrupación municipal, y sin afiliarme al partido, siquiera. Pero sería definirme. Mojarme. La verdad es que dicho así suena muy impresionante y, para qué negarlo, me acojona un poco... No sé, supongo que queda en mí el residuo de miedo que deja el ser hija de la generación de la postguerra, cuando la gente pensaba que lo mejor era no definirse políticamente, pasar desapercibido, por lo que pudiera pasar, por si de nuevo "cambiaba la tortilla"... "No significarse", como decían hace poco en "Cuéntame"... Yo he vivido eso. Ese pavor a decir lo que se piensa, por si acaso... Como si fuera imposible librarse del peso del pasado.
El miedo. Hace tiempo que decidí dejarlo atrás. Lo voy consiguiendo, pero aún me ronda. Estas dudas son una prueba de ello.
Quizás éste sea el momento de darle la patada definitiva…
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lunes, marzo 10, 2008
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a las
7:51 PM



Bueno, pues ya tienes tu primer comentario y al mismo tiempo consejo sobre este post.
Yo he sido estas ultimas elecciones (y otras varias) apoderado del partido por el que siento simpatías, la figura del apoderado es la de una especie de "supervisor" de los posibles problemas que tengan los interventores o el ir deambulando de colegio en colegio porque como bien sabes no siempre hay interventores en todas las mesas, y ofrecer tu ayuda, experiencia y "echar un ojo" en aquellas mesas en las que el partido no está representado.
Chica, a mi me encanta, me lo paso pipa, he ganado, he perdido y he disfrutado lo mismo en ambos casos. Creo que es una de las pocas formas que tenemos los ciudadanos de a pie de sentirnos utiles en el proceso mas preciado de una democracia, votar.
Te animo a que lo hagas, dentro de muy poco tenemos ahi las europeas, acercate por la sede del partido que te simpatice, comenta que quieres ser interventora en las proximas elecciones que haya, te tomarán nota y te llamarán sin duda, ya que siempre hace falta gente que haga ese trabajo.
En fin, ya sabes, no eres el unico bicho raro del mundo, al menos somos dos.
Gracias, Vicent, por el consejo y tu experiencia. Ya te contaré que hago finalmente...
No creo que sea buena idea seguir el consejo de aquel que decía "haz como yo, no te metas en política". Ya sabes a quién me refiero.
Tenemos la obligación y la responsabilidad de cambiar la realidad, de tomar decisiones colectivas sobre todo lo que nos afecta, y significarnos. Es un privilegio, no tengas miedo. Al contrario, me daría miedo vivir en un sistema que no te deja esa opción. Que puedas dejarte ver con tus ideas brillando por delante de tí es por sí mismo una garantía de libertad.
Ánimo.
De todas formas... yo me siento "útil en el proceso más preciado de la democracia", sencillamente votando. Es un acto muy trascendente, con una liturgia hermosa... aunque tras los bastidores parece que se parece más a un cumpleaños de cinco.
Gracias, Balcius.
Me alegra verte de nuevo por aquí.
En todo caso, ninguna experiencia es mala. Bueno, o si; pero la de ejercer una magistratura ciudadana, no creo que lo sea.
Yo es que... como que ya he asumido que si vuelve una dictadura me fusilarán y si vuelve la inquisición me quemarán junto con ocho gatos.
(eso si no no termino cruzando los alpes con pantalocitos tiroleses, al estilo Von Trapp, que también tendría su punto...)
Fue una experiencia muy buena, Pcb.
Ays, Nepo, no digas esas cosas, qué mal rollo... Uf.
Ole, ole y ole!! si señora. Presidenta.
Jajajjajaja... Sólo primera vocal, Sá. Pero más que suficiente...
No soy ambiciosa. Yo soy más de arrimar el hombro desde el anonimato.