Una nunca ha sido deportista, y tampoco va a presumir de serlo ahora, pero aún así acude obediente y puntual a su cita de los lunes y los miércoles a la piscina, a hacer algo que cualquiera que se quedase a mirar llamaría “chapotear” pero que, en el folleto del ayuntamiento definen con un término tan “cool” y sonoro como “aquaerobic”. Si me apunté fue porque vivir en un pueblo como éste con unas instalaciones deportivas municipales tan buenas y no usarlas me parecía una pena y un desperdicio, así que, ahogando los gritos en contra de mi yo mas amigo de la “mens”, y escuchando los susurros de mi “corpore” pidiendo un poco de atención por una vez, cerré los ojos y eché mi solicitud, casi cruzando los dedos para que la lista de espera fuese inmensa (que lo fue, aunque no lo suficiente como para que me cogieran en el segundo trimestre del curso…), y al mismo tiempo, pensando que quizás éste fuese un buen momento para ayudar un poquito a la madre naturaleza que tan bien se ha portado hasta ahora, manteniendo ella solita un cuerpo del que, ¿para qué andarnos con falsas modestias?, estoy bastante contenta. Y también una forma de romper la cadena “Metro-Boulot-Dodo” (*) en la que me estaba enredando los pies de forma peligrosa, añadiendo a mis días la obligación de ir a la piscina dos veces por semana, ese algo diferente entre la salida del trabajo y la vuelta a casa.
Y ahí ando, siendo la única nueva de este año entre un puñado de marujillas cincuentonas y veinteañeras al borde de la treintena, auténticas sirenas comparadas con el pato mareado que soy yo. Medio cegata sin mis gafas, medio sorda por el gorro, y absolutamente fuera de ritmo en los ejercicios. Cuando ellas terminan de hacer el slalom, yo aún estoy averiguando cómo demonios se hace el canguro, y cuando ellas hacen el skippy, yo aún estoy intentando descubrir los misterios de avanzar con el jogging marcha atrás… Es agotador, y podría ser frustrante, pero lo cierto es que es divertido.
¿Deporte? ¿Divertido? ¿He dicho yo eso? ¡Ah! Claro. Hoy he tragado demasiada agua, y esto no son más que los efectos alucinógenos del cloro…
(*) Expresión francesa que se podría traducir por "Metro-Curro-Camita".
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lunes, enero 31, 2005
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a las
10:36 PM
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dejaron sus dedos sobre el cristal


