Me gustaría lograr hablar de mi cotidianeidad como lo hace
Amanda. Dando detalles sobre mi día a día, pero no sé: supongo que me puede el pudor, aunque luego termine hablando de aspectos míos realmente profundos.
Me encantaría conseguir el toque poético de
Audrey. Ese encanto que desprende, tan similar al de su homónima Hepburn. Pero supongo que con eso o se nace o nada…
Me gustaría tener más tiempo y tener otro blog: uno de recetas, tan chulo y útil como
Algo se cuece. Pero ya me cuesta trabajo encontrar un hueco para mantener decente éste…
A veces me da un poco de envidia
Donna. Porque me recuerda a esas damas de la ilustración, cultas y refinadas, que convocaban a su alrededor a lo más granado de la cultura de su tiempo, en tertulias y banquetes de preciosas casas de campo. Los aristócratas que se sientan a su mesa son igual de inteligentes y brillantes, y la adoran, besan el suelo por el que pisa…, aunque no sean marqueses, ni condes, sino que respondan por nombres tan dispares como
Ernesto o
el señor de Portorosa.
Los que me dan no un poco sino muchísima envidia son
Dwalks y
Would. Ofrezco mi brazo izquierdo y el dedo meñique del derecho por encontrar un día un compañero de curro con el que me lleve la mitad de bien que parecen llevarse ellos… Y la uña del dedo gordo del pie por saber contar con esa gracia y ese salero lo que haces en un día en el que no haces nada, sino levantarte a las tantas y vegetar en casa de tus padres junto a tu hermano. Chapeau, Mr. Dwalks (sin desmerecerte, Would, pero descubrí antes a Dwalks, lo siento…).
Mirar el blog de
Gonzalo es una angustia permanente, porque nunca sabes cuando lo vas a encontrar vacío. Pero también te hace disfrutar más que nadie del Carpe Diem cuando escribe. Quizás ese post tan logrado sea el último… Saboréalo. Y mañana… ya se verá.
Leer al
Indeciso es sentirme un poco menos pesada y cansina: al menos hay alguien que habla de su trabajo tanto como yo, si no más. Odio ponerme tan monotemática, pero es un tema que me preocupa, me invade y me trastorna… Pero ya se sabe, mal de muchos…
Jesús CieloVacío,
Zoldado y
RojoDos fueron de los primeros blogs que leí, cuando apenas sabía qué era exactamente una bitácora. Y terminaron siendo de esos que terminas leyendo íntegramente, con esa furia descubridora de los primeros momentos. Queriendo parecerte a ellos. No consiguiéndolo. Admirándolos siempre.
El otro
Jesús, el de Cromagnon, consigue cada día (y digo “cada día”, sin excepción) conmoverme, admirarme y hacer que me sienta feliz de poder leer lo que escribe. Todo un mérito cuando cada día soy más crítica con mis lecturas y menos libros logran atraparme… Porque lo que Jesús escribe es literatura. Y mucho mejor que el 90% de lo que circula impreso por ahí.
Me encantaría tener el fino humor y la ironía de
Joi. Y su concisión. Avasallador y brillante.
De
Malasanta admiro su manera de valorar lo que tiene. Quizás algún día se dio cuenta de que aullar a la luna por lo que te falta sólo consigue que te pierdas disfrutar de eso que te espera en casa…
Montag… ¿Qué puedo decir de ti, mi querido Montag? Afortunadamente, nadie le hizo caso cuando suplicaba que le dispararan. El diría que fue porque nadie se paró a escucharle. Yo diría que aparecí ante él como uno de esos polis negociadores que, con palabras tranquilizadoras, se acercan al criminal loco y desquicidado y logran quitarle la pistola o conseguir que se baje del borde de la terraza…
Me encantaría tener un poco del encanto y el buen rollito que a
Nepomuk le desborda por los poros. Pero creo que tiene tantos admiradores que a mi me tocaría un átomo o dos, como mucho, si se pusiera a repartirlo… Así que me conformo con leerle.
Admiro la versatilidad de
MH: lo mismo te hace un post lleno de contenido político como que te cuenta lo que ha hecho su hijo en el colegio. En la variedad está el gusto.
Me gustaba leer al
Tipo Raro, por eso: por lo peculiar que era. Y digo “era”, porque ahora es cada día un poco menos raro. Mal que le pese. Pero no se puede tener todo. Un hijo bien vale perder un poquito de rareza, ¿no?
Trapo es todo ingenio y chispa, gracia y sentido común. Creo que no hay ni un solo post en mi blog, camino de cumplir su tercer año, que esté a la altura de su post menos ocurrente. Por eso, cuando no se me ocurre qué escribir, jamás paso a ver qué ha escrito él: ver el partido que él saca de la idea más simple mientras yo me devano los sesos hace que me sienta mucho más estúpida…
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lunes, diciembre 05, 2005
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a las
11:33 PM