Un "gracias" oportuno es como una caricia inesperada.
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martes, junio 27, 2006
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9:05 PM
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dejaron sus dedos sobre el cristal
Un "gracias" oportuno es como una caricia inesperada.
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martes, junio 27, 2006
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9:05 PM
5
dejaron sus dedos sobre el cristal
No tengo ganas de nada. Sería fácil achacárselo al calor, pero no. Mi apatía va más allá de la climatología. Leo y las letras me resbalan por el cerebro, sin penetrar en él, chorreando como las gotas sobre un buen chubasquero. Pienso en ir a dar una vuelta, y la idea se va por donde ha venido antes de que me dé tiempo a ponerme las sandalias y coger las llaves de casa. Estoy sola y aburrida, y ni siquiera la idea de estar con alguien y que el aburrimiento me abandone me seduce. Vamos, que me importa poco, por no decir nada.
Ni siquiera para mí.
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domingo, junio 25, 2006
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7:06 PM
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dejaron sus dedos sobre el cristal
Han sido días raros, estos últimos. Tiempos revueltos que han dado para mucho. Para sentirme odiada y, también amada. Libre y atada. Angustiada y liberada. Emociones contradictorias. Ni buenas ni malas, tan sólo intensas y desestabilizadoras. ¿Soy buena o soy mala? ¿Merezco que me detesten o que me idolatren? Seguramente ni una cosa ni la otra. Pero a veces los afectos son ciegos e ilógicos, y las emociones descontroladas e incontrolables. No he hecho nada para merecer ni ese odio ciego y venenoso, ni su contrario, más halagador para mi ego pero igualmente desconcertante. Me siento rara cuando siento la envidia de gente a la que no he hecho nada malo morderme los pies, pero creo que me siento aún peor cuando siento un afecto que no puedo corresponder y que, mal manejado por mi parte, puede hacer mucho daño al otro.
Creo que he descubierto que no quiero que me quieran sin que yo lo autorice. Cosa imposible, claro está. Y que tampoco quiero que me odien a menos que me lo merezca. Aún más difícil. Pero es así como me he sentido estas últimas semanas: odiada sin motivo, amada sin razón. Sin que yo pudiese controlar ninguna de las dos situaciones.
Víctima y verdugo.
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sábado, junio 17, 2006
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11:09 PM
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dejaron sus dedos sobre el cristal
A veces, sin saber cómo ha llegado hasta allí y no teniendo demasiado claro qué hacer con ella, te das cuenta de que tienes en tu mano la llave de la felicidad ajena, una cerradura simple y sencilla de usar, pero difícil de encontrar, tanto que ni siquiera el interesado sabe demasiadas veces dónde la guarda. Y así, de golpe, sin haberlo buscado, te das cuenta de que está en tu poder. Sólo tienes que meterla en la cerradura y notar cómo entra suavemente, sin problemas, girarla con delicadeza y, empujar la puerta, que se abre sin hacer ruido, dejándote vía libre hasta el corazón del otro.
Y te impresiona saber que puedes entrar, y según entras y te adentras, la impresión aumenta, porque es una gran responsabilidad saberte dueña de ese poder que da o quita el aliento, que hunde en los abismos o sube hasta la estratosfera al otro. Y siempre te queda la duda de si sabrás usarlo debidamente. Pero también te gusta, porque es una experiencia insólita por lo poco frecuente e increíble por lo intensa ver cómo un alma ajena se abre ante ti, indefensa y vulnerable, consciente de su debilidad, pero sin importarle, porque el miedo que podría frenarle es más débil que la fuerza que le arrastra hasta ti. Porque ha abierto una puerta que ya no puede cerrar. Porque tú ya estás dentro, y él ya no tiene la llave, ni le importa no tenerla.
Porque se ha dado cuenta de que ya no hay cerradura que pueda resistir el aleteo de una de tus miradas.
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miércoles, junio 14, 2006
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9:46 PM
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dejaron sus dedos sobre el cristal
Mi ánimo sube y baja como un yoyó, e igual que un yoyó se enreda en su cuerda cuando intento hacer figuritas que creía controlar, pero que se me rebelan y no terminan de salirme. Se me hace mil nudos, se retuerce, y tengo ganas de cortar la cuerda y poner una nueva. Pero no puedo. No debo. Y no lo hago. Me siento, respiro, e intento no desesperarme, deshacer los nudos con calma y con paciencia, en lugar de apretarlos más. Y volver a jugar al yoyó, porque me gusta, porque me ha costado mucho tiempo y esfuerzo tener uno y aprender a usarlo, y tirarlo ahora a la basura ahora sería como rendirse. Sería liberador, mi espíritu quizás volvería a recobrar la calma, pero mi alma se sentiría traicionada.
Y yo tengo por principio no traicionarme, si puedo.
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sábado, junio 10, 2006
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10:38 PM
6
dejaron sus dedos sobre el cristal